Te daré la mano a cambio de que seas tú quien la entierre.
Agotando cada segundo del indomable paso del tiempo. Disfrutándolo, seguramente. Reafirmando la dulce amargura del pensar que es finito.
Juntos.
Alargaré los minutos de mi existencia tan sólo por verte sonreir.
Puedo morirme mañana si esta noche me inundas en un mar de besos. Hipnotizantes.
Quiero dejarme caer al vacío y notar la altura del abismo.
Los dos.
Te llevaré de la mano hasta donde tú me dejes. O tal vez haga caso omiso de tu opinión y te rapte (me decanto más por esta segunda opción).
Odio tu perfección, la detesto. La detesto por fascinarme tanto. Sabes que mis delirios no deben de ser buenos. Algún dia me matarás de amor.
Feneceré contenta, a sabiendas de que el verdor del musgo se abastecerá de mi corazón.